Recoge solo lo estrictamente necesario para el propósito educativo, obteniendo consentimiento informado comprensible, renovado cuando cambie el uso. Proporciona avisos breves y accesibles, con ejemplos de datos adecuados e inadecuados. Ensaya con el grupo la redacción de mensajes seguros, verificando que nadie comparta historias clínicas, números identificatorios ni situaciones personales no pertinentes.
Antes de enviar textos a servicios externos, elimina identificadores directos y aplica técnicas de seudonimización. Define perfiles de acceso diferenciados para docentes, estudiantes y administradores, y habilita autenticación multifactor. Realiza simulacros de recuperación ante pérdida de credenciales. Explica por qué estas medidas protegen la dignidad de cada estudiante y construyen confianza sostenida.
Establece plazos definidos para conservar producciones estudiantiles y registros de interacción con IA, siguiendo políticas escolares y requisitos locales. Automatiza eliminación segura, valida respaldos cifrados y documenta excepciones justificadas. Comunica claramente cuándo y cómo se borra la información. Al cerrar cursos, ofrece a estudiantes copias personales portátiles que respeten su autonomía.